Miércoles de Ceniza 2018

En lo secreto, examinemos el corazón

En estos tiempo en los que casi todo tiene que publicarse en las redes sociales, el Señor nos invita a una vida más privada. El tiempo de Cuaresma, que inicia con el miércoles de ceniza, es un tiempo para fortalecernos en nuestro interior, en lo secreto, de modo que le demos solidez y sentido a nuestras acciones externas. Para esto debemos luchar por vivir en continua conversión (oración colecta) que significa examinar y cambiar constantemente lo que hay en el corazón (primera lectura). Sin embargo, el que hace posible esta obra es Dios con su misericordia (salmo) y su voluntad de reconciliación (segunda lectura). A esta hermosa acción de Dios le debemos responder con las buenas obras para ser recompensados por él y no por los hombres (evangelio).

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Sanemos el corazón frío

Rasgar el corazón y santificar la comunidad son las dos exhortaciones que sostienen las palabras del profeta Joel en la primera lectura de este día. La conversión a la que nos invita se mira desde un aspecto personal y comunitario al mismo tiempo. En primer lugar, como individuo, se nos invita a examinar el corazón. El Papa Francisco, en su mensaje de Cuaresma para este año también nos invita a darnos cuenta de la frialdad de nuestro corazón. Citando a Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; nos recuerda que la morada del diablo es el hielo del amor extinguido. A su vez nos invita a preguntarnos: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros? Así, el profeta utiliza la acción de “rasgar”, como hacían los hebreos con las vestiduras cuando venía sobre ellos el escándalo, el sufrimiento o la desdicha. Pero, se nos invita a que lo hagamos en el corazón, en el interior, que encendamos el corazón en el amor de Dios que nos haga arrancar de él toda maldad o desviación. Por otro lado, esta lectura invita a la comunidad cristiana, mediante las acciones comunes en este tiempo de Cuaresma, a vivir un espacio privilegiado para hacer arder nuestro corazón. Por eso, en esta lectura se hace una lista de exhortaciones a cada estrato de la comunidad desde los ancianos hasta los niños de pecho, desde los esposos hasta los sacerdotes, todos debemos entrar en comunión con la Iglesia en este tiempo de transformación del corazón para vencer la frialdad del egoísmo y la indiferencia.

 

Dios es el que obra

El salmo que responde a la primera lectura es el conocido como Miserere [Sal 51 (50)]. Este salmo penitencial, no mira solamente el pecado del ser humano y lo que debemos hacer para sacarlo de nuestra vida, sino que mira la misericordia y la bondad de Dios. Así como el fundamento de la primera lectura es la certeza de que Dios es compasivo y misericordioso, este salmo afirma dos realidades claras: yo soy pecador y Dios es misericordioso. Esta misericordia de Dios es contemplada desde la óptica de la creación. Cuando el Señor ejerce su misericordia sobre nosotros no lo hace como quien limpia algo sucio o repara un objeto dañado sino haciendo algo nuevo. El amor de Dios es siempre creador, la obra de la creación continúa en el mundo por el amor que Dios nos tiene. Él hace siempre las cosas nuevas. La Cuaresma es el tiempo de renovar nuestra dignidad humana que ha sido dañada por el egoísmo y el pecado. Del mismo modo que Dios creó todo en el principio, así puede crear en nosotros un corazón puro y renovar nuestro espíritu. Dejemos a Dios que obre en nuestro corazón con las buenas disposiciones para recibir su gracia en este tiempo. Sólo así podemos experimentar lo que es la verdadera alegría que viene de él y le alabaremos con sinceridad de corazón.

 

Reconciliación

San Pablo, por su parte, recurre a la autoridad que ha recibido de Dios para hacer una exhortación muy urgente para todos nosotros: la reconciliación. Quisiera que nos detuviéramos en esta palabra y pensar ¿con quién me tengo que reconciliar? ¿Por qué me tengo que reconciliar? Porque la reconciliación con Dios implica la reconciliación con los hermanos, con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. Es un camino que no se realiza de un momento a otro. Pero, lo grandioso de este camino es que la obra más grande la hace Dios por nosotros. Es importante notar que la exhortación está en pasivo, por tanto, se trata de “dejarse reconciliar”. Dios es el que hace la parte difícil de la tarea, es él el que busca la reconciliación. Por eso, se afirma que este tiempo es propicio, oportuno, ahora es el momento, no después ni antes. Nuestro problema es que muchas veces nos quedamos lamentándonos o con nostalgias del pasado, y en otras esperamos ocasiones mejores en el futuro. El momento es ahora, este es el tiempo de la reconciliación, el tiempo de la salvación. Tres palabras nos guían en esta lectura: reconciliación, tiempo oportuno y salvación. Tres dones que nos regala Dios para embellecer y engrandecer nuestra vida.

 

Hazlo en secreto

En el evangelio de esta celebración parecería que Jesús vive en nuestro tiempo que está regido por las redes sociales. En este tiempo en el que parece que todo se tiene que publicar y divulgar. Pienso que Jesús estaría de acuerdo con aquella expresión que dice: “de los mejores momentos no publico nada porque estaba tan feliz que no tuve tiempo de hacer fotos”. Jesús insiste en la privacidad de los actos buenos para recibir la recompensa de Dios y no de las personas. No se trata de ocultar el bien, ya que el bien es como el sol, brilla por sí mismo. Se trata de no hacer las cosas buenas buscando la recompensa de los demás. Resulta inútilmente fatigoso querer agradar a todos con nuestras acciones. Lamentablemente, se nos va gran parte de la vida en ese esfuerzo. El Señor nos quiere librar de esa fatiga inútil e invitarnos a confiar en la recompensa que viene de Dios. Sin embargo, no se trata de cualquier acción buena sino de tres obras que nos ayudan a quitar la frialdad que endurece nuestro corazón. En primer lugar, el Papa en su mensaje nos recuerda que debemos dedicar más tiempo a la oración. Ella hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos. También nos dice que la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Finalmente, el ayuno, por una parte nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. Aprovechemos estas obras que nos recomienda Jesús para convertir nuestro corazón, recibir la misericordia de Dios que nos reconcilia y nos salva.

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