II Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Que alguien me guíe

Hemos terminado las fiestas de navidad y volvemos a los trabajos, a la escuela, a la universidad o los que han salido del país tienen que regresar. Así, la Iglesia, también regresa al tiempo ordinario donde contemplamos las escenas de la vida pública de Jesús. Este domingo la clave es la escucha a Dios que me llama (primera lectura). Esta llamada requiere de nosotros un oído abierto, es decir, una actitud de apertura a su palabra (salmo). Esto se logra no solamente con actitudes piadosas o devotas, sino con un dominio de toda nuestra vida, incluyendo nuestro cuerpo (segunda lectura). Así serán los verdaderos discípulos de Jesús, aquellos que escuchan las indicaciones para encontrarlo, se quedan con Él y lo anuncian a los demás (evangelio). Este itinerario de vida hará que los días de nuestra vida se fundamenten en su paz (oración colecta).

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Que sus palabras no caigan al suelo

El texto que escuchamos como primera lectura, narra la llamada de Dios a Samuel. La conclusión del mismo se traduce literalmente como: “no dejó (Samuel) que ninguna de sus palabras cayera en el suelo”. Esta fue la característica de la vida de este gran personaje del Antiguo Testamento. No echó a perder ni banalizó la palabra que Dios le dirigía cada día. Sin embargo, esto fue posible porque antes tuvo a alguien que le educó para escuchar a Dios. Elí, hace el papel de padre para Samuel, durante esta parte del libro lo llama “hijo mío”. Elí, como un padre, cumple con su función de llevar a su “hijo” a escuchar la voz de Dios. Es justo destacar que Elí no quiso llevar a Samuel donde él mismo sino hacia Dios, no se sentía propietario ni dueño de la vida de Samuel sino su guía y custodio. Reconocía que su misión consistía en ayudar a Samuel a descubrir la voluntad de Dios, aunque esto lo llevara a alejarlo de sí mismo. Nosotros, como Samuel, a veces confundimos la voluntad de Dios con una persona, institución o estructura. Por esto, necesitamos personas como Elí. A estos guías sabios les llamamos consejeros, directores espirituales, confesores, formadores, amigos o padres. Ellos son los responsables de ayudarnos a discernir y entender la voz de Dios. Nosotros, por nuestra parte, como siervos del Señor, no dejemos que sus palabras caigan al suelo.

 

Escuchar

El salmo de este domingo proclama el verdadero y más sincero culto que podemos ofrecer a Dios. Desde el libro del Génesis, Dios se ha manifestado constantemente como la Palabra creadora, como una voz que dice y las cosas existen o se transforman. El pueblo de Dios reconoce que debe escuchar a Dios para conocerle y amarle, y que su corazón no se endurezca. Por esto este salmo nos enseña que Dios nos abre el oído. Escuchar a Dios es la actitud principal del que quiere seguir sus caminos. El ser humano, afanado en hacer cosas (sacrificios y ofrendas) debe descubrir ante todo que debe abrir el oído para escuchar a Dios y hacer su voluntad. Esto se aplica también en las relaciones interpersonales. Cuántos hijos sufren porque sus padres “hacen” tantas cosas que no tienen tiempo para escucharlos. Cuántos matrimonios, amistades o grandes relaciones se han roto por la carencia de escuchar al otro. Este escuchar, tendrá como resultado que nos convirtamos en anunciadores de esta palabra que hemos recibido tanto con los labios como con la vida. Éste es el verdadero culto a Dios.

 

Glorificar con el cuerpo

Pablo es judío, piensa y habla como tal. Nuestra cultura occidental y su discurso sobre el ser humano se basa en una concepción de la filosofía griega. Para el judío no existe composición ni distinción en el ser humano mientras que para los griegos el ser humano es cuerpo y alma. Por tanto, cuando un judío, como Pablo, menciona una parte del ser humano, corazón, espíritu, alma o cuerpo, lo hace para referirse a la totalidad de la persona. En esta segunda lectura se nos invita al cuidado de nuestro cuerpo, es decir, de toda nuestra persona. Pero, una dimensión muy concreta, la actividad sexual. Pablo, nos recuerda que la finalidad del acto sexual es hacer de las dos personas una sola. En este texto se habla concretamente de la prostitución, sin embargo la liturgia nos invita a aplicarlo a un contexto más amplio. La clave está en que nuestra vida entera, espiritual y física, esté unida al Señor en el Espíritu Santo. Este principio debe regir nuestras relaciones y decisiones como dirá más adelante: “Entonces, ya coman o beban o hagan lo que sea, háganlo todo para gloria de Dios” (1 Co 10,31).

 

Se quedaron con Él

Dos discípulos de Juan el Bautista que se convierten en los primeros dos discípulos de Jesús. Así comienza el evangelio de este domingo que nos narra el encuentro de los primeros tres discípulos con Jesús. Como la primera lectura narra que Samuel tuvo que escuchar a Elí para descubrir la voz de Dios, en este evangelio los dos discípulos oyeron a Juan para seguir a Jesús. Una vez más se nos presenta la necesidad de esa persona que guíe nuestra vida para encontrar el verdadero camino hacia Dios. Estos discípulos siguen a Jesús y quieren saber “dónde vive”. Este evangelio es el de la “Palabra hecha carne que viene a habitar entre nosotros”. Ahora, nos presenta que el discípulo de Jesús, también quiere habitar con él. Estos discípulos fueron a quedarse con Jesús y en esta experiencia todo cambió. La imagen de Jesús cambió del “rabí-maestro” al “mesías”. Así lo anuncian a Simón: “Hemos encontrado al Mesías”. Ya no es solamente alguien que les va a enseñar algo sino el ungido, el rey y salvador que esperaban. La vida del discípulo de Jesús no se limita a unos momentos de culto aislados sino a quedarse con él. Ver a Jesús, seguirle, escucharle, quedarse con él y anunciarle son los pasos en la vida de todo discípulo de Jesús: fe, vida, formación, perseverancia y misión. Sin embargo, lo más hermoso es que, en medio de estas acciones nuestras por establecer una relación con Jesús, descubrimos que él se nos queda mirando como lo hizo con Simón Pedro. Que esta palabra nos ayude a recorrer el camino de los discípulos, dejarnos guiar hacia Jesús y a tener con él una relación tan íntima que pueda quedarme con él y llevar a otros hacia este encuentro.

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