V Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Si me amas, ¿por qué sufro?

«“¿Por qué me tratas así?” Preguntó Santa Teresa a Jesús. Él  respondió: “Porque te amo”. A lo que ella le replicó: “Si así tratas a tus amigos, ahora comprendo por qué tienes tan pocos”». Es el trato de amistad, con cierto humor, que tenía esta santa con Jesús. Estas palabras pueden ayudarnos a entrar en la dinámica de las lecturas de este domingo. En él pedimos a Dios su protección (oración colecta) en los momentos en los que la vida parece oprimirnos, angustiarnos y entristecernos (primera lectura). Ante esta situación del sufrimiento humano, Dios responde con su presencia cercana (salmo). Esta presencia se manifiesta en su evangelio (segunda lectura) y en la caridad que deben vivir los cristianos a ejemplo de Jesús (evangelio).

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¿Qué es el hombre?

El libro de Job nos presenta una historia llena de momentos dramáticos de sufrimiento y angustia que llevan a Job a plantearse serios cuestionamientos sobre la realidad de la condición humana y la intervención de Dios. El libro es toda una reflexión sabia acerca de un tema que todavía hoy plantea ciertas inquietudes: la retribución. Con este término nos referimos a la “recompensa” que puede dar Dios por nuestras acciones. “¿Por qué, siendo bueno, tengo que sufrir?” parece preguntarse Job constantemente a lo largo del libro. En los versículos que nos ofrece la liturgia de este domingo, Job reflexiona acerca de la realidad del ser humano. Define nuestra situación humana como un servicio, un trabajo de esclavos en el que se espera un poco de sombra y, en cambio, recibe meses baldíos, estériles, sin esperanza y noches de fatiga sin descanso. Esta imagen de la vida que nos presenta Job es muy cruda y realista. Sin embargo, está limitada por los acontecimientos dolorosos y por la falta de un conocimiento más claro de Dios. Job no niega la intervención y cercanía de Dios sino que nos manifiesta que en medio del dolor se nos hace difícil contemplar su amor y su justicia. Esta palabra nos invita a detenernos en medio de nuestra situaciones diarias y, como Job, preguntarnos ¿dónde está Dios en esta situación? Pero, no como quien niega su presencia sino como quien realmente quiere encontrarlo.

 

Dios es misericordia

El texto del libro de Job nos presenta la situación difícil del ser humano, en cambio el salmo de este domingo parece ser una respuesta a la angustia y los interrogantes de Job. Claramente el salmo se ubica históricamente en el momento del retorno del exilio de Babilonia. En este momento histórico surge, también, la pregunta ¿dónde está Dios? ¿por qué ha permitido que nos ocurra todo esto? El salmo responde con una imagen de Dios a la que no estamos acostumbrados. Comúnmente, cuando se piensa en Dios se imaginan hechos extraordinarios y grandiosos. Sin embargo, se nos recuerda que Dios, también, es aquel que se acerca mediante gestos y experiencias pequeñas que transforman nuestra realidad. En este hermoso salmo, Dios parece a una madre que está cuidando a un hijo enfermo. Él “sana y cura” nuestro corazón destrozado y herido. Porque la omnipotencia de Dios se manifiesta, sobre todo, en su misericordia. Una misericordia que no es general o global sino particular y personal. La imagen de un Dios que “cuenta las estrellas” y las “llama por su nombre” es la revelación del profundo conocimiento de Dios de cada uno de nosotros. Que este salmo nos lleve a reconocer que Dios se interesa por mi vida y mi sufrimiento. Que no permitirá que ninguna angustia sea sufrida en vano.

 

Anunciar el Evangelio

La Primera Carta a los Corintios nos muestra una imagen real de la comunidad cristiana. Una Iglesia que está viviendo hermosos momentos de gracia junto a frecuentes situaciones de desviación, inmoralidad y división. Ante esto Pablo les anuncia la “Palabra de la Cruz” (1 Co 1,18). Esta Palabra es la que puede vencer el pecado, el escándalo y la división. En el capítulo noveno, de donde se han tomado los versículos de este domingo, Pablo se presenta a sí mismo delante de la comunidad. Pablo, se da a conocer como un apóstol (enviado) y un evangelizador (predicador). Sobre esta segunda descripción se basa nuestra lectura. El evangelio que anuncia no es motivo de orgullo sino un encargo que debe cumplir. Pablo no está interesado en los derechos que pueda recibir de él sino en anunciarlo y darlo a todos. Porque el evangelio es como el fuego, mientras más se comparte más tenemos. Esta palabra nos enseña que gozamos realmente de los frutos del evangelio cuando lo compartimos con los demás. Pero no olvidemos que, para anunciar eficazmente el evangelio, no bastan las estrategias de retórica o pedagogía sino que hay que entrar en la experiencia de vida de las personas. Todos debemos reconocer que, ser cristianos y haber recibido la palabra del evangelio, no debe ser motivo de orgullo o privilegios sino una gracia recibida que tengo la urgencia de darla a conocer a otros.

 

Vivir lo que se predica

El domingo pasado contemplamos la escena en la que Jesús predicaba en la sinagoga y la gente quedaba admirada por la autoridad de su predicación. El evangelio de este domingo es la continuación de aquel sábado en la ciudad de Cafarnaún. Jesús nos muestra en qué consiste la verdadera autoridad de su predicación. En la sinagoga, el poder de su palabra, se manifestaba en la fuerza que era capaz de hacer obedecer incluso a los espíritus inmundos. Sin embargo, fuera de la sinagoga la fuerza de esta palabra es otra. Vemos cómo en este evangelio son muy pocas las palabras de Jesús pero muy abundantes sus acciones. Jesús sale (de la sinagoga), va (a la casa de Simón), se acerca, toma de la mano, levanta, cura, expulsa y ora. Luego de la descripción de estas acciones de Jesús aparecen sus palabras: “Vámonos a otra parte…para predicar también allí”. Los evangelio de los últimos dos domingos nos muestran la verdadera identidad de Jesús de Nazaret y la que debería ser la identidad de cada uno de los cristianos: predicar y actuar, anunciar y amar. No basta con decir cosas interesantes, no es suficiente una buena homilía, una catequesis o un “post” viral en las redes sociales. ¡Necesitamos acciones! El mundo se encuentra con una actitud triste y desesperanzada como la de Job a causa de la ausencia de buenos testimonios de vida. Nos desaniman las personas cuando su vida no refleja lo que dicen sus palabras. Cuánto más frustrante es escuchar hablar de Dios, de la humildad, de la pobreza, de la cercanía y demás mensajes cristianos cuando mi vida no es un vivo testimonio de aquello que anuncio. Job tenía razón, mi tristeza se debe a la ausencia de una manifestación viva del amor de Dios. Pero, Jesucristo responde a Job, y a todos nosotros, diciendo que el Reino de Dios ha llegado y se manifiesta en el amor que los cristianos podemos llevar a los demás. ¡Qué gran responsabilidad la nuestra! Que este evangelio nos anime a tener coherencia entre el mensaje cristiano que creemos y anunciamos, y nuestras acciones de cada día.

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